¿Por qué es tan difícil el cumplimiento ambiental?

El cumplimiento ambiental es prioritario para las empresas que desean llevar sus productos a mercados de todo el mundo. Sin embargo, lograr el cumplimiento es cada vez más difícil y los riesgos son mayores que nunca. ¿Por qué sucede esto?

¿Por qué es tan difícil el cumplimiento ambiental?

¿De qué sirve una casa si no se cuenta con un planeta tolerable donde colocarla? ― Henry David Thoreau

¿Cuál es el propósito de la regulación de cumplimiento?

Para proteger el medio ambiente, los gobiernos de todo el mundo han desarrollado leyes, regulaciones, normas y otras medidas para abordar los numerosos efectos directos e indirectos que los seres humanos causan sobre él. A estos marcos se les denomina cumplimiento ambiental o cumplimiento normativo ambiental, y su objetivo es proteger no solo la salud ambiental sino también la salud humana y animal. Estas regulaciones tienen diversos objetivos, entre ellos los productos químicos, edificios y productos, y afectan a múltiples sectores como el médico, los productos infantiles y la electrónica.

El objetivo más común del cumplimiento ambiental suelen ser las sustancias químicas que se ha demostrado que son tóxicas para la salud humana y ambiental. 

Al enfocarse en estas sustancias, las regulaciones pueden limitar la exposición de las personas y el medio ambiente, incluyendo restringir su liberación al aire, agua y suelo, así como su uso en la fabricación de distintos productos y bienes. Como resultado, los productos se vuelven más seguros para las personas y para el entorno en el que finalmente terminan, ya sea por abandono accidental al aire libre o por disposición intencional en vertederos o sistemas de gestión de residuos.

¿Por qué es tan complejo el cumplimiento normativo ambiental?

Los marcos de cumplimiento ambiental son intrincados debido al número de organizaciones involucradas desde el principio hasta el final del proceso. Está el gobierno o agencia que los publica, los organismos encargados de hacerlos cumplir y las personas o empresas que deben acatarlos. Las regulaciones de cumplimiento ambiental son particulares en el sentido de que, aunque tienen alcance geográfico, impactan a organizaciones de todo el mundo mediante sus requerimientos.

Algunos ejemplos de esta complejidad son:

  • El convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes, ejemplo de un tratado internacional de cumplimiento ambiental que abarca múltiples países y naciones. 
  • La Unión Europea cuenta con varias regulaciones y directivas, como REACH y RoHS, que cubren 27 países, pero dejan la aplicación e implementación a cargo de cada estado miembro. 
  • En Estados Unidos existen regulaciones a nivel federal, como TSCA, pero también requisitos estatales como la Proposición 65 de California. 

Y esto es solo el inicio. Algunas regulaciones federales se aplican incluso a nivel local o dependen de organismos independientes de monitorización posmercado y particulares para asegurar el cumplimiento. 

Ante el creciente número de regulaciones de cumplimiento, además de la presión combinada de consumidores y directivos, las empresas están implementando medidas internas para alcanzar sus objetivos de cumplimiento. Algunos distribuidores e inmobiliarias buscan incluso ir más allá de lo mínimo requerido para maximizar sus oportunidades de asociación, acceso a mercados y fidelidad del cliente. 

¿A quién aplica el cumplimiento ambiental?

Debido a la amplia variedad de empresas afectadas por obligaciones de cumplimiento en múltiples sectores, hay muchos actores involucrados. Los roles más afectados por estas normativas suelen ser fabricantes, importadores, usuarios intermedios, consumidores y entidades de gestión de residuos. Fabricantes e importadores son los más directamente afectados y a menudo tienen las mayores responsabilidades para asegurar que los productos que fabrican e introducen en el país cumplan con las reglas establecidas en cada mercado. Los usuarios intermedios también deben asegurarse de seleccionar productos conformes, ya sea en servicios profesionales o en el diseño posterior de productos. Los propios consumidores pueden ejercer su conciencia ambiental eligiendo productos que demuestren buenas prácticas en este ámbito.

La creciente importancia del cumplimiento en los negocios

Hoy más que nunca, los consumidores consideran factores ambientales al decidir a qué empresas destinar su preferencia. Una encuesta de McKinsey en EE. UU. de 2020 reveló que “más del 60 % de los encuestados afirmaron que pagarían más por un producto con envase sostenible”. Los productos y empresas mejor valorados son aquellos con programas y medidas de protección ambiental. Suele haber sitios de reporte o información pública sobre compañías que infringen diversas normas y regulaciones, lo que puede dañar la reputación empresarial y acarrear pérdida de confianza pública. La negligencia ambiental puede ser aún más perjudicial para las empresas que cotizan en bolsa, a medida que el criterio ético y la inversión sostenible ganan terreno. 

Los productos ecoamigables ya no son solo una obligación legal. Para consumidores y accionistas, representan también una obligación moral. El liderazgo empresarial está atendiendo este mensaje. Un informe de Thomson Reuters de 2023 sobre ESG corporativo revela que el 71 % de los principales directivos considera que “invertir en ESG sigue siendo una prioridad principal para sus empresas”.

El costo de no cumplir: financiero y social

La realidad es que la falta de cumplimiento se vuelve cada vez más difícil de ignorar. Y las sanciones asociadas se multiplican. 

Multas de miles a millones

Cada regulación suele asociar multas específicas por cada infracción, frecuentemente calculadas por día de incumplimiento. El rango de estas sanciones puede ir desde miles hasta millones de dólares. Esto sin incluir los cargos que pueden derivar de litigios por eventos de no cumplimiento. Un incidente puede implicar investigaciones sobre catálogos completos de productos, lo que supone un costo adicional y puede aumentar exponencialmente el precio total del incumplimiento. Esto puede multiplicar los montos de las multas, derivar en cierres de empresas, retiros de productos, revocación de licencias, rediseños completos y acciones correctivas para mitigar daños a humanos y al entorno. Reiterados patrones de incumplimiento pueden motivar a los reguladores a endurecer restricciones y elevar tasas de solicitud e infracción a sectores completos. Estas consecuencias generan grandes titulares y afectan la opinión pública e inversores.

Pérdida de alianzas comerciales

A pesar de ser un concepto cada vez más popular, cumplir con los estándares ESG y ambientales sigue siendo todo un desafío para muchas empresas. Para gestionarlo, muchas organizaciones están creando guías internas que también aplican a sus proveedores y fabricantes. Es decir, las empresas ya exigen a sus aliados que respondan en materia de cumplimiento y minimicen los riesgos. 

Para proveedores y fabricantes, esto significa adoptar plenamente el cumplimiento o quedar marginados. El no cumplimiento puede provocar que algunas empresas sean excluidas de oportunidades comerciales, ya que otras buscan proteger su imagen y productos de consecuencias costosas y públicamente embarazosas.

Con la creciente demanda de responsabilidad ambiental, permanecer ignorante ya no es una opción viable para nadie.

Principales desafíos

El entorno regulatorio está cambiando con mayor rapidez que nunca. Las primeras regulaciones, previas a los años setenta, solían estar dirigidas a gobiernos y no a industrias. Entre 1970 y 1980, la llamada década ambientalista, comenzaron a surgir mandatos que priorizaban la protección ambiental e impulsaban regulaciones que buscaban controlar la contaminación del agua, aire, suelo y las sustancias tóxicas. Entre ellas destaca la Ley de Control de Sustancias Tóxicas (TSCA) de Estados Unidos en 1976.

Grandes regulaciones surgen en el siglo XXI

Sin embargo, las regulaciones ambientales tuvieron dificultades debido a la falta de financiación, lo que resultó en reglas no vigiladas, requisitos poco claros y escasez de datos y conocimiento científico. No fue sino hasta el siglo XXI que se produjo una reforma real de cumplimiento y una renovación de políticas ambientales. Regulaciones y directivas clave como RoHS (Restricción de sustancias peligrosas) y REACH (Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias Químicas) entraron en vigor en 2002 y 2007, respectivamente. La revisión de TSCA tuvo lugar en 2016. A medida que los estudios revelaban los efectos de las sustancias sobre la salud humana y el medio ambiente, las normas comenzaron a actualizarse con mayor frecuencia.

Políticas regulatorias poco claras generan más retos

Estas actualizaciones añadieron nuevas sustancias y modificaron el alcance y los objetivos de cumplimiento. Se responsabilizó a nuevos actores, se modificaron estándares anteriores y surgieron nuevas reglas y marcos generales. Esto ha abierto una nueva era de leyes ambientales que evolucionan aceleradamente, en respuesta a nuevos conceptos sobre el impacto en la salud humana y ambiental. Sin embargo, estas actualizaciones no siempre son claras y tanto legisladores como empresas suelen enfrentar rechazo ante nuevas regulaciones. En ocasiones, ese rechazo ha sido tan fuerte que se ha obligado a las autoridades a replantear las normativas o lanzar documentos aclaratorios. Algunas decisiones han terminado en los tribunales para que los jueces definan vía sentencia lo que implica el cumplimiento. Desde regulaciones confusas con varias actualizaciones anuales hasta cambios de alcance, puede resultar complicado para las empresas mantenerse al día y detectar las reglas relevantes para sus programas ambientales.

La creciente expectativa de “diligencia debida” en las empresas

Aparte de un entorno normativo en constante cambio, existen otros retos para el cumplimiento en diferentes industrias. Una tendencia común es la diligencia debida, es decir, exigir a las empresas responsabilidad sobre el conocimiento de lo que contienen sus productos, incluyendo las piezas que no fabricaron directamente. Debido a la complejidad del ciclo de vida y los actores involucrados, conocer el contenido material de los productos puede resultar difícil. Cada vez más empresas dependen de la comunicación en la cadena de suministro para cumplir estas obligaciones. Sin embargo, el intercambio de información no siempre es claro, aunque existan normas de reporte sectoriales como IPC 1752A, que especifican los datos y formatos requeridos. 

Cada comunicación debe revisarse para determinar su relevancia ante los requerimientos de información iniciales. Muchas veces los proveedores ni siquiera disponen de la información, sea por desconocimiento o por confidencialidad. Aunque un número creciente de empresas opta por requerir o brindar declaraciones completas de materiales, en vez de temporales, para facilitar el cumplimiento y agilizar las comunicaciones, aún deben gestionar el contenido de materiales de todos sus productos y, a menudo, se ven sobrepasadas por la magnitud de esa tarea.

Independientemente del nivel de conocimiento que una empresa tenga sobre el contenido material, los obstáculos persisten. Existen cientos de regulaciones y normativas en diferentes niveles. Las compañías deben, para empezar, conocerlas aunque sólo sea para saber de su existencia, pero uno de los desafíos mayores es la falta de centralización de información y recursos. Las políticas se publican y anuncian por canales gubernamentales, pero sin conocer esos canales, se permanecerá en la ignorancia. E, incluso con acceso, leer su lenguaje puede ser tedioso y está plagado de tecnicismos jurídicos. 

Si bien la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) ha destacado por publicar guías de apoyo sobre las normas y directivas que administra en una plataforma centralizada, no es práctica habitual contar con centros de información para estas regulaciones. Con frecuencia, las empresas descubren las normativas tras haber incurrido en infracción, pues la mayoría de las reglas favorecen la inacción como declaración implícita de cumplimiento. Investigar cada normativa y valorar su aplicabilidad y monitorizar los cambios tomaría una cantidad abrumadora de tiempo, y quienes se dedican a ello suelen requerir formación avanzada en ciencias ambientales o políticas públicas. El cumplimiento ambiental es costoso y consume muchos recursos, pero por los riesgos que implica, resulta ineludible.

¿Cómo pueden las empresas afrontar este entramado normativo?

Dado que el cumplimiento ambiental es obligatorio, las empresas buscan soluciones para abordar estas normas y regulaciones. Hay múltiples estrategias organizacionales para hacerles frente, pero las tácticas exitosas comparten componentes clave que van más allá de la suerte o el azar. La comparación de diversas normativas revela numerosas coincidencias conceptuales. Los patrones muestran que una vez que un país grande desarrolla un sistema, otros más pequeños tienden a adoptar versiones similares. Al comenzar por las regulaciones de los países más relevantes, usted cubrirá requisitos de otros mercados, aunque no debe dejar de estar atento a los requisitos de cada uno. Las empresas de mayor tamaño suelen contratar expertos en cumplimiento o conformar equipos dedicados de abogados y científicos. 

Recopilar datos desde la fase de diseño

Otro aspecto fundamental para gestionar el cumplimiento ambiental es comprender el valor de la información. En muchos casos, es mucho más sencillo gestionar el cumplimiento cuando los datos se recopilan y gestionan desde el inicio de la fase de diseño, y no al final. Si bien el cumplimiento ambiental suele verse como una cuestión posterior al diseño, modificar un producto por piezas no conformes puede resultar costoso. Contrastar el cumplimiento de componentes durante el diseño reduce esta carga, pero sólo si la evidencia de cumplimiento también se administra adecuadamente. Compilar documentación técnica revisando carpetas de sistemas es el equivalente moderno a buscar un documento en un archivo físico. Actualmente existen programas de archivo documental que facilitan la búsqueda, pero este es solo un elemento de la solución. Bibliotecas estáticas pueden convertirse en un riesgo mayor para el cumplimiento. Es esencial monitorizar normativas para cambios y actualizaciones, asegurando que las piezas utilizadas sigan siendo conformes o se identifiquen rápidamente si dejan de serlo. Las empresas deben determinar cómo organizar documentos vivos y adaptarse a la presión de regulaciones cambiantes.

Mejorar los métodos de recopilación de datos

Desde luego, para gestionar la información, es indispensable contar con métodos de recolección eficientes. Como se ha mencionado, el desafío central de la diligencia debida es la comunicación dentro de la cadena de suministro. Administrar proveedores y sus contactos resulta una tarea mayúscula cuando esa lista cuenta con miles de integrantes. Es fundamental monitorizar con quién se ha contactado, cuándo, si se ha obtenido respuesta y de qué tipo. Los documentos y respuestas deben revisarse y analizarse antes de archivarse en la información de cumplimiento relativa a sus componentes. En ciertos casos, esto puede suponer meses enteros de trabajo dedicado. Mientras que las grandes empresas pueden permitirse personal específico para ello, no todos pueden hacerlo. Existen proveedores de servicios que pueden encargarse de esta tarea, pero no es garantía de obtener el 100 % de la información necesaria.

Desarrollar estrategias de riesgo basadas en evidencia

Cuando no se dispone de información sobre ciertos componentes, las empresas deben crear estrategias de riesgo basadas en evidencia. Es fundamental contar con conocimiento sectorial sobre química de materiales, así como información industrial sobre sustancias restringidas. Este tipo de conocimiento es altamente especializado y difícil de encontrar, ya que no todas las empresas tienen experiencia previa con los productos utilizados, acceso a químicos, expertos normativos o abogados ambientales para consultoría legal.

El último recurso: ensayo químico 

El análisis químico suele ser la última etapa de los programas de cumplimiento. Los laboratorios pueden emplear distintos métodos para detectar la composición de las sustancias, desde pruebas no destructivas hasta cuantificaciones destructivas. Sin embargo, estas pruebas pueden ser extremadamente costosas tanto en recursos como en los productos que deben destruirse durante el proceso. Debido al costo y el tiempo requerido, este tipo de ensayos se reserva generalmente para materiales de alto riesgo identificados durante el análisis de riesgo. Estos perfiles y decisiones de riesgo son críticos para los programas de cumplimiento, siendo vital que la empresa cuente con expertos en normativa y ciencia de materiales.

En resumen

Si algo queda claro es que el cumplimiento ambiental seguirá creciendo en importancia y extendiéndose a todos los sectores. Que los legisladores aprendan o no de los errores pasados es incierto, al igual que la claridad o disponibilidad de la información. Las empresas deberán adaptar sus procesos a las nuevas realidades regulatorias y a los obstáculos adicionales para evitar consecuencias negativas que puedan comprometer su viabilidad a largo plazo. Aquellas que superen estos desafíos serán las que cuenten con programas de cumplimiento más sólidos, con bases de conocimiento, registros, datos vivos y flexibilidad. Cuanto antes una empresa priorice el cumplimiento ambiental, más fácil le resultará afrontar los nuevos desafíos que traiga la evolución normativa y evitar los altos costos de los incumplimientos.

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