Sinopsis de la guerra tecnológica global con China

Existe una disputa comercial y tecnológica en curso entre Estados Unidos y China.

Sinopsis de la guerra tecnológica global con China

Existe una disputa comercial y tecnológica en curso entre Estados Unidos y China. Las tensiones entre ambos países se intensificaron significativamente en 2018, cuando el gobierno estadounidense implementó diversas medidas para restringir el acceso de empresas tecnológicas chinas al mercado y la tecnología de EE. UU. Estas medidas incluyeron la prohibición por parte del gobierno estadounidense de equipos de telecomunicaciones de empresas chinas como Huawei y ZTE, alegando preocupaciones de seguridad nacional, principalmente en los sectores de semiconductores e inteligencia artificial. La guerra tecnológica entre EE. UU. y China también abarca el robo de propiedad intelectual, el espionaje cibernético y el acceso a mercados. 

El conflicto se alimentó por la preocupación en EE. UU. y a nivel mundial ante el creciente dominio tecnológico de China, su supuesto robo de propiedad intelectual estadounidense y global, y las ambiciones de China de convertirse en líder mundial en tecnología.

Como resultado, EE. UU. ha impuesto regulaciones y aranceles a las importaciones chinas y ha dirigido sus acciones contra empresas tecnológicas chinas con el fin de limitar el acceso de China a tecnologías avanzadas. Estas regulaciones buscan proteger la tecnología y la propiedad intelectual estadounidenses frente al robo por parte de China y limitar su acceso a tecnología de punta que podría ser utilizada con fines militares o estratégicos. Algunas de estas regulaciones incluyen:

  • La imposición de controles a la exportación de tecnologías específicas, como semiconductores, software y otros productos de alta tecnología, para limitar su transferencia a China. Las normas exigen que las empresas estadounidenses obtengan una licencia antes de exportar ciertos artículos a China.
  • La imposición de aranceles a una variedad de productos chinos, incluidos los electrónicos, como parte de los esfuerzos para abordar el desequilibrio comercial entre ambos países.
  • EE. UU. además ha incluido a varias empresas chinas, entre ellas Huawei y ZTE, en su Entity List, lo que restringe su acceso a tecnología estadounidense y limita su capacidad de hacer negocios con empresas estadounidenses.
  • El Comité de Inversiones Extranjeras en EE. UU. (CFIUS, por sus siglas en inglés) revisa las inversiones extranjeras en empresas estadounidenses y ha bloqueado o modificado varias propuestas chinas de inversión en EE. UU.
  • EE. UU. ha lanzado el Clean Network Program, que busca proteger la privacidad de sus ciudadanos y la seguridad nacional frente a amenazas tecnológicas chinas, como los equipos 5G de Huawei y la recopilación de datos de TikTok.

China, por su parte, ha buscado reducir su dependencia de la tecnología estadounidense invirtiendo fuertemente en empresas tecnológicas nacionales y desarrollando sus propias industrias de alta tecnología. También ha adoptado medidas de represalia contra EE. UU., imponiendo sus propios aranceles a importaciones estadounidenses y atacando a empresas tecnológicas estadounidenses.

Este conflicto ha tenido implicaciones globales de gran alcance en diversos mercados y sectores, tanto en lo económico como en el futuro de la tecnología y la manufactura. Ha dado lugar a una desvinculación (decoupling) de las industrias tecnológicas de EE. UU. y China, con cada país buscando desarrollar su propio ecosistema tecnológico independiente. Esto ha generado preocupación sobre una nueva Guerra Fría entre EE. UU. y China, con potenciales implicaciones geopolíticas de gran alcance.

China y Europa

De manera similar a la guerra tecnológica entre EE. UU. y China, existe un conflicto entre China y Europa impulsado por preocupaciones europeas sobre las crecientes capacidades tecnológicas de China y sus supuestas prácticas comerciales que colocan en desventaja a empresas europeas.

Uno de los principales puntos de fricción ha sido el presunto robo por parte de China de propiedad intelectual europea y la transferencia forzosa de tecnología, así como el uso de subsidios estatales para crear “campeones nacionales” en industrias estratégicas. La Unión Europea (UE) ha respondido endureciendo sus mecanismos de revisión de inversiones extranjeras, bloqueando algunas adquisiciones chinas de empresas europeas e imponiendo restricciones comerciales a las importaciones chinas. El marco normativo apunta explícitamente a empresas no pertenecientes a la UE, incluidos los inversionistas chinos, y busca evitar la adquisición de empresas europeas en sectores estratégicos como la tecnología.

Además, la UE ha manifestado su preocupación por el uso de equipos de telecomunicaciones chinos, especialmente de la empresa Huawei, en redes europeas 5G, alegando motivos de seguridad. Esto ha llevado a que países europeos como Alemania, Francia y el Reino Unido prohíban o restrinjan el uso de equipos Huawei, mientras que otros han adoptado posturas más flexibles.

La UE también ha adoptado otras medidas frente a China, como la creación de la Cybersecurity Act, que busca mejorar la seguridad de las redes y los sistemas de información en toda la UE. Esta ley incluye un marco de certificación que podría limitar el uso de tecnología china en la UE.

Estas regulaciones buscan proteger la tecnología y propiedad intelectual de la UE frente al presunto robo por parte de China y limitar el acceso de China a sectores estratégicos de la economía europea. También procuran abordar preocupaciones sobre prácticas comerciales desleales y asegurar condiciones equitativas para las empresas europeas.

China ha respondido acusando a la UE de discriminación y proteccionismo, y amenazando con represalias contra empresas europeas que operan en China. El conflicto ha derivado en un significativo deterioro en las relaciones entre la UE y China, adoptando ambas partes posturas más adversas.

China y el resto del mundo

Otros países también han expresado su preocupación ante los avances económicos y tecnológicos de China. En consecuencia, algunos han tomado medidas para proteger sus activos e intereses estratégicos, estableciendo regulaciones frente a China. 

Estas regulaciones buscan proteger la tecnología y la propiedad intelectual de estos países del supuesto robo por parte de China y limitar su acceso a tecnología avanzada que pudiera ser utilizada con fines militares o estratégicos. Asimismo, buscan abordar preocupaciones sobre prácticas comerciales desleales y asegurar condiciones justas para las empresas locales.

Por ejemplo, Australia y Nueva Zelanda han endurecido sus mecanismos de revisión de inversiones extranjeras, especialmente en sectores como telecomunicaciones e infraestructuras. También han prohibido a Huawei participar en el despliegue de sus redes 5G, citando preocupaciones de seguridad nacional. Australia también ha prohibido la participación de ZTE en sus redes 5G. 

India ha prohibido varias aplicaciones móviles chinas, incluyendo TikTok y WeChat, citando preocupaciones de seguridad nacional y privacidad. Además, India ha reforzado su régimen de revisión de inversiones extranjeras, especialmente en sectores como comercio electrónico y tecnología.

Japón y Corea del Sur han endurecido sus controles a la exportación de ciertos materiales, tales como materiales y equipos de alta tecnología, susceptibles de usarse con fines militares o estratégicos. Los controles exigen que las empresas obtengan una licencia antes de exportar determinados productos a China.

Vietnam ha implementado medidas para reducir su dependencia de la tecnología china, especialmente en el sector de telecomunicaciones. También ha buscado diversificar su cadena de suministro y atraer inversión extranjera de otros países.

Taiwán, el mayor productor mundial de semiconductores, ha estado en el centro de la preocupación mundial respecto a China. China considera a Taiwán como parte de su territorio y 

ha intensificado la presión militar y diplomática sobre Taiwán en los últimos años. Estas acciones han generado inquietud sobre un posible conflicto entre China y Taiwán.

Taiwán ha mantenido su postura de independencia y ha tomado medidas para reducir su dependencia de la tecnología china y promover la innovación local. También ha reforzado sus controles a la exportación de tecnologías susceptibles de ser usadas con fines militares o estratégicos. Sin embargo, la situación no es sencilla: Taiwán mantiene importantes lazos económicos con China y muchas empresas taiwanesas operan en territorio chino. Un conflicto militar entre China y Taiwán podría tener consecuencias económicas significativas para ambos países, por lo que ambas partes mantienen una relación delicada. 

Respuesta de China ante el mundo

China ha respondido de manera desafiante a las regulaciones globales en su contra y ha prometido proteger sus intereses nacionales. Ha comenzado a invertir y promover la innovación interna y la autosuficiencia como respuesta a las restricciones internacionales. Ha invertido fuertemente en investigación y desarrollo en inteligencia artificial y tecnología 5G, buscando reducir su dependencia de tecnología extranjera.

China ha negado muchas de las acusaciones formuladas en su contra y ha señalado que otros países la están atacando de manera injusta. Además, ha tomado represalias contra algunos de los países que han implementado regulaciones en su contra mediante medidas como aranceles comerciales y restricciones a importaciones provenientes de esos países. 

Por otro lado, China también ha intentado entablar diplomacia y negociación con otros países, principalmente a través de organizaciones multilaterales como la Organización Mundial del Comercio (OMC) y las Naciones Unidas (ONU). Asimismo, ha buscado fortalecer lazos con países que no se alinean con Estados Unidos, como Rusia e Irán.

En conjunto, la respuesta de China ante las regulaciones globales ha sido multifacética y compleja. Si bien en algunos casos ha respondido de manera desafiante, también ha buscado la diplomacia y la negociación. Mientras tanto, ha seguido avanzando en el desarrollo de tecnología de semiconductores, a pesar de las restricciones y regulaciones internacionales que limitan su acceso a tecnología extranjera.

¿Qué significa todo esto?

El mundo observa y va desacoplando progresivamente su manufactura, aprovisionamiento y producción de semiconductores de China. Los países están invirtiendo en capacidades de producción nacional de semiconductores para reducir la dependencia de proveedores extranjeros. Los gobiernos también endurecen sus controles a la exportación de equipos y tecnologías de fabricación de semiconductores susceptibles de uso militar o estratégico; buscan impedir la transferencia de tecnologías sensibles a China y otros países.

Muchas empresas están diversificando sus cadenas de suministro para reducir su dependencia de la producción china de semiconductores, buscando abastecerse de diversos proveedores en diferentes países, en lugar de depender exclusivamente de China. Algunas compañías también están trasladando su producción de semiconductores de China a otros países, como Corea del Sur y Vietnam. 

Pese a que existen esfuerzos por hallar puntos de entendimiento entre China y el resto del mundo, las tensiones continúan creciendo, especialmente entre EE. UU. y China. 

Es evidente que las empresas deben reducir su dependencia de los productos tecnológicos y de semiconductores de China para proteger intereses estratégicos y reducir el riesgo de interrupciones en la cadena de suministro. Sin embargo, el desacoplamiento de China será complejo y desafiante, dada la creciente capacidad china y la naturaleza interconectada de la industria global de semiconductores y tecnología.

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